Author Archives: Josetxo

Mentes manipuladas.4

El pantalón del pijama.

Amanecía diferente, el lecho estaba vacío, las mantas apartadas, las sabanas revueltas y el silencio presente. El techo se veía ennegrecido de pronto. El cuadro de mi retrato torcido y el espejo roto. La sombra de su cuerpo yacía en el suelo, inerte, con un brazo descolgado. Una brecha abierta en la cabeza con un hilo de sangre. La boca entornada con rictus hiriente de muerte prematura. Barba incipiente de pocos días, pelo engrasado de pocos lavados, dientes ahumados de tanto tabaco, lengua de rojo carmín reculando sola. Sólo conservaba el pantalón del pijama, medio subido, medio bajado. El pecho peludo de oso negro, y barriga prominente de viandas tragadas. El bulto encogido debajo de la tela mirando hacía arriba sin un punto fijo. Necesitaba descansar, había sido una noche infernal, mi invitado había vivido más de la cuenta y no se que más. Él era demasiado violento y yo demasiado condescendiente. Pero era muy bueno en la cama, demasiado bueno diría yo. Ni él era un tigre, ni yo una tigresa, pero el salto salió mal, y sólo pude ponerle el pantalón del pijama y taparle las vergüenzas.

Mentes manipuladas.3

Gasolina.

Venía de un tiempo en el cual había tenido un papel preponderante en su relación, aún siendo un tipo ingenuo, se las arreglaba bastante bien. Pero aquél maldito día todo cambió. Se dio cuenta que su flor se quedaba sin pétalos. Le quedaba alguna bala en la recámara y había llegado el momento de usarla. Sentía un fuerte escozor por todo el cuerpo. No tenía sentido rascarse, pues todavía se le agravaría más esa sensación urticante. Decidió darse un baño de agua tibia, siempre había pensado que una cosa así le aliviaría. Al desprenderse del pantalón noto como si el flujo del aire le calmara algo. Al bajarse el calzoncillos esa sensación se acrecentó. No ocurrió lo mismo con las demás prendas. La bañera ya estaba llena por la mitad y era el momento propicio para meterse y disfrutar de ella. Todavía no había metido el pie derecho y sonó el teléfono. !Mierda¡, es lo primero que dijo. Dejo que sonara un poco y metió el pie izquierdo. Sentía un gran alivio de rodillas para abajo. Pero el maldito teléfono no dejaba de sonar. !Mierda¡, volvió a decir. Cuando su espalda entro en contacto con el agua, la sensación de placebo fue muy acusada. Pero su cerebro lo tenía partido en dos sensaciones, una de ira y otra de relajación. De repente el teléfono dejo de sonar y comenzó a escuchar unas sirenas procedentes de algún coche de bomberos. Continuó medio sumergido dentro de la bañera ajeno a todo el trasiego que escuchaba del exterior. La puerta del baño estaba entornada, y un hilito de humo negro comenzó a colarse en la estancia. Momentos después la estancia estaba completamente llena de humo. Con la cabeza sumergida en el agua, no se asfixiaba con el humo, pero si se ahogaba en ella. Se acordó que su última bala la había usado minutos antes, cuando vio que su flor no tenía pétalos y había perdido a su amante definitivamente. También se acordo que había rociado la casa con gasolina, salpicandose el mismo.

Mentes manipuladas.2

El silencio del abismo. 

Estaba postrada en el mismo sillón todos los días, con la misma postura, recostada y con las piernas juntas, las manos en un traqueteo infernal sin pausa. Los dedos rectos en un estiramiento sistemático y prolongado. Los ojos mirando a un infinito cercano. La boca medio abierta, pese a las continuas incursiones de la lengua hacia afuera. No recordaba si había desayunado, pero dos pastillas amarillentas y pegadas fuertemente a la comisura del labio superior, asomaban. Los demás enfermos con muchos años vividos en extremos paralelos y sólo alojados en su conciencia, eran compañeros de rutinas en viajes cortos por los pasillos y en encuentros dramáticos de silencio. Sólo alguno expresaba su rabia chillando o llorando con lagrimas de sal. Era extremadamente educada, no se le recordaba ningún mal gesto en años. También podría ser por el efecto de los tratamientos. Pero siempre había sido bondadosa y dada a los demás en extremo. La nebulosa creada en su mente influía por circunstancias ajenas a su voluntad, perturbaban gravemente el estado de su conciencia, desarrollando mundos paralelos irreales con elementos y objetos de su vida cotidiana. Pero el encuentro con personas cercanas de cariño antiguo, le proporcionaban distensión prolongada en los quehaceres y rutinas diarias, aunque fueran dispersos en el tiempo. Su amplia sonrisa se multiplicaba en milímetros de distensión de sus mejillas y los labios dibujaban pajaritos volando. Pero tenía bruscos cambios internos en el estado de su conciencia, que se hacían más radicales durante los sueños. Seguramente por circunstancias y el efecto de las drogas que le administraban. Hacía tiempo que por las noches estaba fuertemente atada a la cama, siempre en la misma postura, mirando a su cielo que era el techo, a sus estrellas que eran los reflejos de aces de luz provenientes de los focos de los coches. Pero estaba sumamente tranquila, como en trance, serena. Apenas podía moverse y tampoco lo intentaba. Le venían a vigilar de vez en cuando y como rutina abrían la puerta, pero no la despertaban, pues permanecía absorta, sin ningún movimiento muscular, mirando a su cielo con los ojos abiertos. Aquella noche el vigilante se sorprendió al verla, como con una amplia sonrisa le reclamaba, sus dedos estaban muy arqueados, las piernas ladeadas y los dedos de los pies dispersos en distintas direcciones, pero tensos. Se acerco a ella, poso su mano en una mejilla y comprobó que estaba gélida. Encendió la luz de su mesilla y comprobó si respiraba. Seguramente ya hacía horas que no había aire en sus pulmones, pero no había notado nada en las anteriores visitas.

Mentes manipuladas.1

El coruscó de pan.

Para comer pan todos los días siempre estaba dispuesta, pero llego un día que el hartazgo se hizo evidente y dejo de comerlo. El plato de lentejas en la mesa y mirando a un lado y a otro sin ver su coruscó de pan diario. No le dijo nada, se levanto de la mesa y salió de casa destemplada. El también dejo de comer, se levanto y pasillo abajo se recostó en el sillón y se quedo dormido. Cuando ella volvió ya estaba despierto. Tenía unas notas escritas y comenzó a leerle en un tono de voz pausada y suave. Empezó entonces a leer frases de su entrenamiento autógeno que el mismo había engendrado. Frases que tenían que repetir los dos… me siento tranquilo… tranquilo… estoy empezando a sentirme relajado… mis pies me pesan mucho y se relajan… el calor está fluyendo a mis manos, están calientes… calientes. Había ruidos que provenían de la calle, pero a él no le molestaban, a ella la desconectaban. Ella comenzó a sentirse como si se hubiera sumergido en una especie de baño caliente… como que se estuviera calentándose cada vez más, próxima al sueño, consciente de lo que estaba pasando en el mundo exterior, pero sin preocuparse mucho de ello. El tiempo parecía hacersele eterno.Cuando el puso fin a la lectura con las siguientes palabras: Siento cómo fluyen la vida y la energía a través de mis piernas, caderas, pecho, brazos y manos, cuello y cabeza… Necesitó un auténtico esfuerzo y además con una sensación muy desagradable, logro salir de aquel estado en el que se había sumergido. Le miró a él. Estaba sonriendo. Cuando terminó el entrenamiento notó que su ritmo cardíaco entrenado autogenamente según creía él, se había desacelerado. Ella no sentía lo mismo, todo lo contrario, parecía que la había entrenado para acelerar su corazón, emocionalmente alterada, con ganas de chillar, de retorcerse, e incluso de vomitar. Sentía como si su cerebro contuviera mayor cantidad de neuronas transmisoras de excitabilidad. Era evidente el cambio sufrido en su ritmo cardíaco. Había conseguido y desencadenado cambios bruscos en su conducta. Al cabo de una semana de entrenamiento volvieron a la ración de pan para los dos. No había preparado un sólo plato de comida en ese tiempo. Pero ahora  él se comía el coruscó de pan sin rechistar y ella el resto de la barra.

Serie: “Plancha plástica reciclada”. (2002-2012)

Abisal.1 (2010)

Abisal.2 (2010)

Abisal.3 (2010)

Abisal.4 (2010)

Abisal.5 (2010)

Serie: “Esmalte sobre plancha plástica reciclada”. (2002-2012)

Mano de pelotari. (2006)

Pelotada. (2006)

Gantxo. (2006)

Serie: “Aluminio reciclado”. (2002-2012)

Enrredados en el zarzal. (2002)

Urbasa.1 (2002)

Abrazo monumental. (2002)

Corazón enjaulado. (2002)

Y ahora “J. Venturgon”

Serie: “Óleo sobre tablero”. (1990-2002)

Zapato aéreo. (2002)

Busto agrietado. (2002)

Busto personalizado. (2002)

La máscara del pensador. (2002)

Serie: “Guache”. (1990-2002)

La hoguera de las vanidades. (2000)

Cintura masculina. (2000)

Dama multiplicada. (2000)