Archivos Mensuales: julio 2017

Escultor.3

En el silencio de mi reflexión percibo mi mundo interno como si fuera una semilla, pequeña e insignificante, pero también pletórica de potencialidades. Veo en sus entrañas el germen de un árbol magnifico. El árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo. En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que seré después. Cada semilla sabe como transformarse en árbol, van cayendo en la tierra fértil, absorben los nutrientes que las alimentan y luego se expanden por ramas y follaje, llenando mi existencia de flores y frutos. Cada semilla sabe como llegar a ser árbol y tantas son las semillas como lo son mis sueños secretos. Dentro de mí hay innumerables sueños que esperan el tiempo de germinar, de echar raíces y de darse a la luz, de morir como semillas… para convertirse en árboles. Serán árboles robustos y orgullosos que me digan en su solidez que oiga mi voz interior, que escuche la sabiduría de mis sueños. Ellos los sueños me indican el camino con símbolos y señales de todas clases, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres y también en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, estemos dormidos o despiertos a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. Me muestra el rumbo de presentimientos huidizos con relámpagos de lucidez cegadora. Y así crezco, me desarrollo y evoluciono… y un día mientras transito por este eterno presente llamado vida, las semillas de mis sueños se transforman en árboles, y despliegan sus ramas, que como alas gigantes que cruzan el cielo uniendo mi pasado y mi futuro. Ahora no temo a nada, una sabiduría interior las acompaña y sé que cada semilla sabe llegar a su árbol.

Escultor.2

Cuando pienso en mi obra, con mirada de escultor, me veo algunas veces como un cubo a medio llenar. Otras como un vaso dado la vuelta y la mayoría de las veces como una piscina vacía. Termino de llenar el cubo y me quedo sin espacio. El efecto contrario es el del vaso, su posición me impide ocuparlo. Pero todavía me queda la piscina, imposible de llenar, y eso es una desventaja desde el punto de vista de la ocupación, no desde la perspectiva de tener espacio suficiente que llenar.

Escultor.1

Razonar sobre la intuición de uno mismo me parece una tarea complicada. Pienso simplemente que es una cualidad que fluye sin motivo, ni razonamiento aparente. Nunca me paro a pensar porque motivo creo una escultura parida de la simple intuición y luego cuando la intento razonar y gestionar, la idea venida de allí me resulta totalmente imposible de descifrar. Cuando el razonamiento prevalece en la idea, simplemente desdeño esa parte aventurera de la creación. Los sentidos se acomodan y el disfrute se acompleja. Serpentear en el arte a base de intuición te libera de estigmas teóricos implantados y a la vez tu libertad se ve reforzada. Pero llegado el momento de razonar, siento un profundo desasosiego. Todo creador tiene su estilo, pero todos nos guiamos por nuestra musa particular que decide abandonarnos cuando le place. La mía casi siempre me ha sido fiel, sólo cuando he intentado razonar con ella no lo ha hecho. Pero cuando la llamo no acude ni esta dispuesta a dialogar. Me dice que no tiene criterios, ni razonamientos. Que vuela alto y raso, dentro y fuera de mi mente y que acude a mí cuando le place. Por eso nunca la llamo ahora, simplemente la espero preparado y dispuesto. Estoy escribiendo un libro, diríamos un cuaderno de bitácora con retazos de mi obra, la mayoría de las veces desparramada, pero ella, mi musa, desde el infinito de mi mente me va sugiriendo cosas. En esa dimensión la siento como guía. Creo que no tengo que ponerle un nombre, porque para llegar a concretarlo, seguramente tendría que pensarlo y llegaría al terreno del razonamiento y ella me abandonaría de nuevo por no seguir mi intuición. Todo comenzaría a girar en un bucle impredecible, pero así se manifesta, alocada, insaciable, como un caballo al galope con un rumbo inesperado lleno de caminos marcados por barreras invisibles. Aún no teniendo fronteras, camina etérea, sin apegos y yo termino siguiendole porque es mi musa y no me consiente que la discuta, que la calle. Pero ahora he encontrado un lugar cercano donde el razonamiento no discute con ella y se muestra vasallo a sus sugerencias. Un lugar extraviado en mi mente, que la cobija arropandola con ideas antiguas, pero todavía vigentes. Me visita ha hurtadillas en las noches en vela, discutimos y nos enfadamos antes del sueño profundo. Cuando me despierto ya no está, y suspiro de alivio. Luego en el proceso creativo siempre estoy dispuesto a recibirla, aunque muchas veces no venga, pero es bien venida si engaña al razonamiento teórico siempre imposible de mi intuición.

 

Mentes manipuladas.6

Piedra, papel y tijeras.

Pues calló piedra. Tuvo otras dos opciones, pero la mala suerte le perseguía. Salió del local con muy malas pulgas, ahora tendría que dar muchas explicaciones a su mujer. Caminando, se iba dando cuenta de lo sólo que se sentía a pesar de que muchos viandantes se cruzaban con él. Vivían debajo de un puente, su vida había dado un giro total hacía ya un mes.
Que paradoja sacar piedra en una apuesta y vivir cobijados entre papeles y cartones. Durante toda su vida laboral había cumplido con su tarea. En 25 años se podía contar con los dedos de una mano los días que había dejado de trabajar por una baja. Manufacturaban varios tipos de tijeras. En el momento álgido de la producción exportaron a muchos países europeos. Pero su último cartucho se lo había jugado a los chinos y eran los mismos los que habían hundido su fábrica con bajos costes de producción en origen. Ella junto a sus dos hijos lo estaban esperando ansiosos.