Mentes manipuladas.1

El coruscó de pan.

Para comer pan todos los días siempre estaba dispuesta, pero llego un día que el hartazgo se hizo evidente y dejo de comerlo. El plato de lentejas en la mesa y mirando a un lado y a otro sin ver su coruscó de pan diario. No le dijo nada, se levanto de la mesa y salió de casa destemplada. El también dejo de comer, se levanto y pasillo abajo se recostó en el sillón y se quedo dormido. Cuando ella volvió ya estaba despierto. Tenía unas notas escritas y comenzó a leerle en un tono de voz pausada y suave. Empezó entonces a leer frases de su entrenamiento autógeno que el mismo había engendrado. Frases que tenían que repetir los dos… me siento tranquilo… tranquilo… estoy empezando a sentirme relajado… mis pies me pesan mucho y se relajan… el calor está fluyendo a mis manos, están calientes… calientes. Había ruidos que provenían de la calle, pero a él no le molestaban, a ella la desconectaban. Ella comenzó a sentirse como si se hubiera sumergido en una especie de baño caliente… como que se estuviera calentándose cada vez más, próxima al sueño, consciente de lo que estaba pasando en el mundo exterior, pero sin preocuparse mucho de ello. El tiempo parecía hacersele eterno.Cuando el puso fin a la lectura con las siguientes palabras: Siento cómo fluyen la vida y la energía a través de mis piernas, caderas, pecho, brazos y manos, cuello y cabeza… Necesitó un auténtico esfuerzo y además con una sensación muy desagradable, logro salir de aquel estado en el que se había sumergido. Le miró a él. Estaba sonriendo. Cuando terminó el entrenamiento notó que su ritmo cardíaco entrenado autogenamente según creía él, se había desacelerado. Ella no sentía lo mismo, todo lo contrario, parecía que la había entrenado para acelerar su corazón, emocionalmente alterada, con ganas de chillar, de retorcerse, e incluso de vomitar. Sentía como si su cerebro contuviera mayor cantidad de neuronas transmisoras de excitabilidad. Era evidente el cambio sufrido en su ritmo cardíaco. Había conseguido y desencadenado cambios bruscos en su conducta. Al cabo de una semana de entrenamiento volvieron a la ración de pan para los dos. No había preparado un sólo plato de comida en ese tiempo. Pero ahora  él se comía el coruscó de pan sin rechistar y ella el resto de la barra.

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