Mentes manipuladas.5

Cordón umbilical.

Cuando perdimos la primera batalla, creíamos que todo estaba perdido. Pues nada más lejos de la realidad. Sentíamos que habíamos cumplido con nuestro cometido y simplemente las cosas no nos habían salido como creíamos. Pero cuando hay tantas variables en liza, circunstancias anómalas y actitudes totalmente disparatadas, seguro que cualquier cosa podía ocurrir. Tardamos casi 24 h. en convencernos de que con un nuevo planteamiento podríamos tener alguna posibilidad de ganar. El tiempo jugaba en nuestra contra, pero sí queríamos plantar batalla debíamos barajar con calma todas las posibles bazas que poseíamos. También llegamos al convencimiento de que teníamos pocas, pero sólidas. ¿Y si las sabíamos jugar?. Llego la oportunidad de repente, nos cogió a contrapie, sin margen de maniobra, pero la decisión estaba tomada y no nos podíamos permitir recular. La negrura de la mañana en aquel noviembre era acongojante, apenas podía vislumbrar cuán cruda sería la batalla. Estaba retenido y sólo por un pequeño agujero se vislumbraba la luz. El dolor compartido y sin medida posible, nos mermaba las fuerzas hasta extremos desconocidos. Sólo había un nudo de unión entre los dos y pronto dejaría de serlo. Nuestro aliento chocaría en espasmos de angustia vital.

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