Escultor.3

En el silencio de mi reflexión percibo mi mundo interno como si fuera una semilla, pequeña e insignificante, pero también pletórica de potencialidades. Veo en sus entrañas el germen de un árbol magnifico. El árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo. En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que seré después. Cada semilla sabe como transformarse en árbol, van cayendo en la tierra fértil, absorben los nutrientes que las alimentan y luego se expanden por ramas y follaje, llenando mi existencia de flores y frutos. Cada semilla sabe como llegar a ser árbol y tantas son las semillas como lo son mis sueños secretos. Dentro de mí hay innumerables sueños que esperan el tiempo de germinar, de echar raíces y de darse a la luz, de morir como semillas… para convertirse en árboles. Serán árboles robustos y orgullosos que me digan en su solidez que oiga mi voz interior, que escuche la sabiduría de mis sueños. Ellos los sueños me indican el camino con símbolos y señales de todas clases, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres y también en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, estemos dormidos o despiertos a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. Me muestra el rumbo de presentimientos huidizos con relámpagos de lucidez cegadora. Y así crezco, me desarrollo y evoluciono… y un día mientras transito por este eterno presente llamado vida, las semillas de mis sueños se transforman en árboles, y despliegan sus ramas, que como alas gigantes que cruzan el cielo uniendo mi pasado y mi futuro. Ahora no temo a nada, una sabiduría interior las acompaña y sé que cada semilla sabe llegar a su árbol.

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