Jventurgon (Escultor.5)

Escultor.5  (La piedra)

En uno de mis paseos por el valle del río Leizaran, me iba fijando en distintas piedras que veía por el camino. La rodadura desde tiempos inmemoriales las había ido moldeando en figuras ovoides casi perfectas, pero de ser tan repetitivas no me llamaban la atención. Las veía casi perfectas en la figura, unas pocas eran rugosas y uniformes, todavía eran jóvenes en el tiempo, pero circulaban más rápido por el torrente del río. Entre todas ellas destacaba una totalmente blanca, amaromada sólo en el lado que posaba en el lecho. Su forma era como la de una pastilla de jabón gastada. La cogí entre las manos y cual patito feo en la cuadrilla me exhortó sentimientos contradictorios. Era suave al sobeo, pero imperfecta en la forma. Alguna grieta aún no pulida asomaba por un costado y asentada en la hierba permanecía impávida y sin atisbo de movimiento de rodadura. Veía difícil su transformación en ovoide, pero recordé que tenía en un tiestero unas cuantas hermanas hechas y derechas de forma. Cuando la coloque a su lado, el sentido posicional chirrió. Las otras reaccionaron agrupándose en pico. No le quedo más remedio que permanecer posada encima de las demás, esperando encontrar un hueco en tiempos venideros. A mí no me gustaba nada el conjunto que quedaba, sobre todo la posición de la especial. Pero el verdadero problema era que no era de la misma familia y como decía el gran Jorge Oteiza, si una escultura o en este caso una piedra no pertenece a una serie, no hay posibilidad de resolver el problema, pues para que no se sienta distinta, debe de estar rodeada de sus compañeras de forma, formando su propia familia y con ella formada daría respuesta al problema y con ello tendría la posibilidad de nuevas preguntas.

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